miércoles, 16 de enero de 2019

Personas como tú.

Hay personas que desprenden luz, que iluminan con su sonrisa y su mirada.
Que son valientes y fuertes.
Hay personas que llegan por sorpresa, sin avisar, pero llegan para quedarse y no irse nunca.
Que son bondad pura, generosidad en esencia.
Hay personas que son pequeñas, pero que no se nota por el corazón tan grande que tienen.
Corazón que no entiendes cómo les cabe en el pecho.
Hay personas que cuidan, que se preocupan por los de su alrededor.
Que intentan hacer el mundo un poquito mejor día a día.
Hay personas que dan todo lo que tienen, todo ello y más.
Que son responsables pero alocadas a la vez.
Hay personas que saben lo que quieren.
Que son de las cosas claras y el chocolate... en tableta.
Hay personas que te hacen sentir que no necesitas nada más.
Que lo tienes todo estando con ellas.
Hay personas que siempre tienen un beso o un abrazo cuando lo necesitas.
Que saben refugiarte cuando hace frío.
Hay personas que llegan a tu vida y te salvan.
Como si de la paz de una guerra se tratase.
Hay personas que te hacen sentir como en casa.
Que son hogar.

Y después,
Hay personas que reúnen todas esas cualidades en un mismo cuerpo.
Y una de esas personas.
Eres tú.

miércoles, 18 de abril de 2018

Ojalá

Ojalá. 
Ojalá una vida junto a ti, aprender a vivirla al 100% sin que te vayas a medias, dejándolo todo patas arriba.
Ojalá, aunque no sea tanto, una última tarde contigo, compartiendo momentos, risas, canciones y experiencias.
Ojalá un último consejo, de esos que sólo tu sabías dar, de los que te calan hondo y te ayudan en el momento exacto.
Ojalá tu sabiduría a mi lado, para servirme de apoyo y aprender sin límites.
Ojalá tu experiencia que me ayude a decidir, tus fallos que me aconsejen por donde tirar y tus logros para darme cuenta de que se puede.
Ojalá ver de nuevo tu sonrisa entrando por la puerta, esa que ilumina hasta el rincón más oscuro del planeta.
Ojalá poder abrazarte de nuevo, sentirte y sentir que todo está bien, aunque se desmorone el mundo, no en tus brazos.
Ojalá poder dejar la huella que tú has dejado, aunque con una milésima parte de ella me conformo.
Ojalá conseguir hacer ver a mis más cercanos la mayor enseñanza que me dejaste. 'lucha hasta el final, aunque no haya fuerzas, tú puedes', 'hacer feliz y ayudar a los demás es mucho más fácil de lo que crees, solo se necesita un instante, hazlo.'
Ojalá todos te recordasen de  manera tan bonita como lo hago yo.
Ojalá fueses, seas y fueres, por siempre, un ejemplo a seguir.
Ojalá un ultimo mensaje advirtiéndome de las cosas buenas y malas, de si el camino elegido es el correcto, de mis traspiés y tus ayudas.
Ojalá una última conversación, aunque sea en aquella horrible habitación que tanto me abrió los ojos.
Ojalá poder decirte al oído lo que te escribo en cada carta.
Ojalá poder disfrutarte una y mil veces más aquí abajo.
Ojalá tantas cosas, pero todas contigo.

Ojalá una y tantas veces, 
Ojalá siempre.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Reflexiones de media noche


¿Por qué, por mucho que estemos educados en el fracaso, en el "caerte te ayudará a levantarte más fuerte", no conseguimos superar algunas pérdidas? Podemos estar perfectamente capacitados para suspender un examen, asignatura, curso, una competición de nuestro hobby favorito (y que nos da la vida), un concurso importante, una plaza en la universidad dónde queríamos estudiar, la entrada para un piso, yo qué sé; pero luego, pierde un amigo, distánciate de una persona importante, aléjate de un familiar, pierde contacto con el compañero del colegio,(ese que te hacia muchísimo mas divertidas las clases y al que tienes un cariño increíble) e intenta superarlo; no es tan fácil.
En estos momentos nos vemos sobrepasados por la situación, nos cuesta mucho mas aceptar que es una pérdida como otra cualquiera, por ejemplo, la de nuestro bien más preciado que perdimos siendo unos renacuajos. Pero no, es imposible tomárselo igual. ¿Por qué?  Las personas no son objetos, pero hay muchas veces que se comportan como tal, vienen y van, entran y salen, te quieren, te dañan; te alegran, te desarman. Y, entonces.. ¿Quien te enseña? ¿Quien te enseña a superar una pérdida de una persona? Y no me refiero a una muerte, sino a una pérdida en vida.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Navidades diferentes


Estas navidades están siendo diferentes. No son las primeras que no paso en casa con los míos; bueno, tampoco sé si decir que no las paso en casa, digamos que no paso todas las fiestas en casa, que no las festejo como los años anteriores.

Hoy, 25 de diciembre, como a muchas otras personas me toca trabajar. (Mi profesión es lo que tiene, que no entiende de días festivos).
Al principio me lo tomé un poco mal, bueno, no mal, triste. No pasar las Navidades con mi familia, no poder comer con ellos y festejar las fiestas me daba pena estando aquí en mi ciudad.
Pero, al pensarlo bien, no está tan mal. Te ayuda a valorar lo que tienes,a darte cuenta de las pequeñas cosas en las que normalmente no nos fijamos, a apreciar mejor a los tuyos, a disfrutar más de los momentos que pasáis juntos, porque nunca sabes cuál va a ser el último.

Además te hace darte cuenta de lo afortunado que eres, puesto que no todo el mundo tiene familia, o amigos, o personas cercanas con quien poder celebrar la navidad; o que, por una circunstancia u otra (en las que claramente no voy a entrar), se encuentran alejados de sus seres queridos o ingresados en hospitales, residencias, etc.

Gracias a mi profesión y a mi trabajo, hoy he podido hacer la vida de 20 personas un poco más feliz, he intentado que se olviden de sus complicadas vidas, que se sientan como en casa, disfrutando todos juntos de una navidad. Finalmente, gracias a ellos, he pasado mi Navidad en familia (aunque no sea mi familia de sangre).

A mis chicos: Aunque vosotros nos hayáis agradecido hoy, a mis compañeras y a mi, el haber estado con vosotros, haberos atendido, habernos reido tanto en la comida, etc. Soy yo la que tiene que agradeceros vuestra acogida, vuestro saber estar, enseñarme tantas cosas, disfrutad de un día de Navidad diferente. Gracias por hacer que me de cuenta de lo que de verdad importa, de valorar todo lo que tengo y darme cuenta de que no me falta nada, de que no necesito nada que no tenga ya. Gracias a todos vosotros, de corazón.

Gracias al día de hoy, también he hecho ver a las pequeñas de la casa la importancia del trabajo, que para que haya fiesta y algunas personas descansen, otras están al pie del cañón. Explicarles que la vida no es tan idílica y que todos no tienen tantas facilidades, ni una vida tan cómoda como estamos acostumbrados. 

A todos los que leáis este post os recomiendo una cosa: parad 2 minutos, pensad en vosotros, en lo que tenéis, en lo que añoráis, en lo que decís que os falta y lo que soñáis con tener. Fijaos bien si es imprescindible, necesario o por el contrario no merece la pena tanto sufrimiento ni tantas ansias por tenerlo. Empezad a valorar lo realmente importante que tiene la vida y aprended a disfrutad de ello.

A los que trabajáis en fechas tan señaladas, ánimo, mucha fuerza y gracias por hacer la vida un poquito más fácil al resto.


Gracias por esta experiencia, aunque haga de mis Navidades, 
unas navidades diferentes. 



Dadle a cada persona, vivencia u objeto el valor que se merece.


miércoles, 18 de octubre de 2017

Producto de un sueño

Él.
El de la sonrisa puesta y la mirada perdida.
Perdida en aquellos sueños por alcanzar e historias por escribir.
Él.
El que es más de canciones que de poemas.
Más de alegrías que de penas.
Más de cariño que de pelea.
Él.
Al que le da igual quedarse hasta las tantas 
aunque tenga que madrugar al día siguiente 
y más si es por verte sonreír.
Al que le gusta siempre hacer cosas nuevas y probar.
Él.
El que es más de personas que de cosas.
Más de dar que de recibir
Más de momentos que de regalos.
Él.
El que es más de sentir que de pensar.
Más de actuar que de hablar.
Más de amar que de odiar.
Él.
El soñador empedernido, el aventurero escondido,
el luchador constante, el guerrero presente.
Él.
El que es capaz de hacerlo todo por aquellos que ama,
aunque a él no le quede nada.
Él.
Él es refugio y abrigo en los días más fríos.
Él.
Producto de un sueño, de aquellos que no acaban nunca,
ni siquiera, al abrir los ojos.
Él.

lunes, 2 de octubre de 2017

Vivir sobre ruedas.



Tal día como hoy, hace 22 años, me ponía por primera vez unos patines y daba mis primeros pasos.
Tal día como hoy, hace 4 meses, tras 22 años patinando y 10 siendo entrenadora, colgaba los patines.



Echo la vista atrás y he pasado la mayor parte de mi vida disfrutando de este deporte,
un deporte desconocido o prácticamente desconocido para la mayoría de las personas. 
Un deporte con muchísimas modalidades, para todo tipo de personas.
Un deporte completo con su parte física, parte de fuerza y parte psicológica. 
Un deporte que te enseña compañerismo, en el que se requiere actitud, un deporte en el que se trabaja muchísimos y que algunas personas ni siquiera lo considera deporte. 
Un deporte poco reconocido, ya no solo a nivel de usuario sino de televisión o diarios deportivos.



A día de hoy solo tengo palabras de agradecimiento hacia este deporte y todas las personas que han formado parte de él a lo largo de esta magnífica trayectoria; con mis altos y mis bajos, con mis parones, pero siempre disfrutando al máximo. 



Gracias a mis padres y a mi hermana, los más importantes, por enseñarme y dejarme disfrutar de este deporte, por apoyarme y animarme cuando he tenido una época peor o cuando los ánimos me flaqueaban, por echarme una mano siempre que lo he necesitado, por aguantarme hasta ni cuando yo misma podía, por ayudarme a solucionar mis meteduras de pata y ayudarme a elegir el camino correcto para todo. 
Gracias por levantaros a las tantas de la mañana por mis competiciones y por haberlas aguantado hasta el final (y muchas veces sin protestar) aunque fuesen más de 4 horas para verme patinar 3 minutos. Gracias por haberme introducido en este maravilloso mundo. Os lo debo todo.


Gracias al patinaje, de corazón, por haberme enseñado tanto, por haberme inculcado constancia, paciencia, compromiso, autosuperación, perseverancia, competitividad, disciplina, autocrítica, tenacidad, organización, empatía y miles de cualidades más que me dejo por el camino. Si no hubiese conocido ni practicado este deporte sé de sobra que no sería como soy ahora ni habría conocido ni experimentado todos estas cualidades y muchísimos estados de ánimo. 



Gracias a este deporte por haberme enseñado a ser mejor persona. 
Gracias a todos los entrenadores que me han enseñado lo que sabían y lo que no, he aprendido cosas diferentes de cada uno de vosotros, tanto cosas para imitar, como cosas que sé que no quiero hacer nunca.





Gracias a todas y cada una de mis niñas, de las niñas a las que he tenido el placer de darles clase y transmitirles mi amor por este deporte, mi pasión desde siempre.Gracias a ellas y a sus familias, siempre tan entregados y dispuestos a lo que hiciese falta.





Gracias a mis compañeras y amigas, aquellas con las que he compartido trayectoria. Gracias a las que iniciaron conmigo,  las que se quedaron por el camino y a las que se sumaron más adelante. Gracias por cada entrenamiento, exhibición, campeonato o prueba de nivel, gracias por hacerlas tan entretenidas. Gracias por haber llegado y nunca haberos ido. Gracias por ser compañeras de aventuras y desventuras.



Gracias a mis pequeñas herederas de la familia, os auguro un futuro impresionante en el patinaje, seguir trabajando como hasta ahora. Gracias por haberme apoyado y haberme cogido de referencia, es todo un honor. Gracias a vosotras y a vuestros papis. Gracias familia, por estar siempre detrás.



Tal día como hoy, hace 4 meses, realizaba mi última exhibición (con un maillot diseñado y comprado sólo para la ocasión), después de tanto tiempo subida a los patines, toca bajarse, pisar tierra firme, decir adiós a un deporte maravilloso que ha formado parte de todos y cada uno de mis años hasta ahora. Toca seguir adelante. 



 No será un adiós, será un hasta pronto. 



Vivir sobre ruedas. 

Eterna pasión



Fotógrafa: Mónica Pérez

viernes, 11 de agosto de 2017

Eternamente agradecida

Hoy vengo de nuevo a escribirte unas pocas frases, espero que algún día te lleguen y las puedas leer, sino, ya te las leeré yo cuando nos encontremos.

Gracias a ti hoy soy lo que soy y he llegado hasta aquí, tan lejos. Me encantaría poder compartir todo esto contigo, que estuvieses a mi lado, que compartiéramos experiencias, vivencias, que me enseñarás todo lo que sabes sobre esta profesión tan bonita y sobre la vida.

Gracias a ti persigo mis sueños (esos que quizá nunca hubiese descubierto si no llega a ser por ti) y nunca me detengo, me diste las fuerzas para luchar por ellos y las alas para llegar muy lejos. 
Ojalá algún día pueda contarte todo esto, ojalá algún día puedas estar orgullosa de hasta donde he llegado y la persona en la que me he convertido.

No olvidaré jamás ese momento, en aquella habitación de hospital que tu iluminabas con tu sonrisa y tú mirada, en el que depositaste toda tu confianza en mi y me animaste a tomar determinadas decisiones que me han hecho llegar a dónde estoy ahora mismo.

Gracias por todo lo que me dijiste, y lo que no, para que hoy esté aquí. Gracias por cada pequeño gesto, ya no solo conmigo, sino con cualquiera que se cruzara en tu camino, estoy segura de que les cambiaste alguna cosa de sus vidas y todas para mejor y con toda tu buena intención. 

Gracias por formar parte de mi vida.. y de mi cuerpo también. 




- Eternamente agradecida -